Hay muchos factores que condicionan el éxito o fracaso en la perdida de peso. ¿Cuántas veces hemos comido simplemente por aburrimiento o por ansiedad? Miedo a morir de hambre, miedo a miradas de deseo, miedo a decir NO, miedo a ofender a nuestros padres… Miedos que influyen en la ingesta diaria… aspectos psíquicos que bloquean nuestras ganas de perder peso.

El libro que narra todo esto se llama Doctor, ¿Por qué no puedo adelgazar? Y una de sus autoras es la Dra. Alejandra Menassa responsable del área de Salud Mental de la Clínica Medicina Integrativa, y en él la comida se ve como el centro alrededor del que se gestan negocios, se arreglan o agravan problemas familiares, se empiezan relaciones sentimentales. Porque la comida está relacionada con tantas cosas… Por ejemplo, la comida está relacionada con el amor. Por eso tantas demostraciones en navidad y tantos padres y abuelos que sobrealimentan a los niños. Muchas veces a la mesa se sienta además del hambre, las emociones y hay que saber diferenciar entre el hambre fisiológica que solo se calma con alimentos y el hambre por angustia y ansiedad que se calma momentáneamente con alimentos. Hay mujeres que comen desmesuradamente porque indirectamente quieren cubrirse con algo que las haga invisibles, adolescentes que se visten con ropa muy holgada y que no quieren luchar contra el sobrepeso para huir de las miradas de los chicos. Mujeres adultas que se dejan de cuidar y engordan para evitar ser cuestionadas, miradas, deseadas y no verse tentadas por estímulos exteriores. Engordar para acallar voces que puedan abocar una infidelidad, para no provocar celos a la pareja o simplemente para hacerte invisible.Ya ve que puñetera es la mente. 

Como se explica en el libro, hay poderosos factores que terminan siendo los causantes de que fracasemos cuando nos proponemos adelgazar. Muchas veces detrás de una obesidad hay una depresión, otras hay un trastorno de ansiedad o angustia. Y pocos son los profesionales y los libros que abordan el sobrepeso desde la perspectiva del psicoanálisis. Son casos en el que el aspecto emocional es determinante. Ansiedad y angustia se pueden manifestar con atracones, no en vano la depresión a veces cursa con bulimia o con apetencia exagerada por los dulces.

Hay otras cuestiones psíquicas que influyen en la ingesta diaria como por ejemplo la sobrealimentación de niños o abuelos cuyos padres pasaron el hambre de la postguerra, o que simplemente seguían o siguen el principio que reinó en este país de que la delgadez era síntoma de enfermedad, y la gordura de salud.

Y luego está la relación entre la comida y el amor. Entre la comida y el amor o entre la  comida y el sexo. No hago el amor pero asalto la nevera, que es otra forma de satisfacción que sustituye al acto sexual. Casos de timidez para iniciar una relación, de frigidez, de impotencia… que conllevan a un sobrepeso.

A veces hay que tratar los problemas psicológicos que no nos dejan adelgazar, antes de poner una dieta hipocalórica que con total seguridad estará abocada al fracaso. Muchas personas son incapaces de poner punto y final a una comida o decir basta, porque son personas inseguras que tampoco saben decir NO a nada. Hombres y mujeres que no saben afrontar los problemas de otra manera que no sea comiendo, ni proporcionarse placer si no es comiendo o bebiendo por encima de prescripciones médicas y de su propia salud. También a veces comemos de más por puro aburrimiento. Algo que responde a otro tipo de hambre, el de compañía. Y otras, comer es una huida, incluso una forma de autolesionarse.

Son placeres o refugios que tenemos que sustituir por otros. Alternativas que convirtamos en una nueva costumbre más sana. Los humanos terminamos disfrutando de cualquier cosa que repetimos. Y hay que aprender a renunciar porque también con eso se disfruta. Renunciar a comer de más te da una satisfacción de haber conseguido la meta.

Cuando queremos conseguir un peso saludable y nos cuesta, tenemos que revisar nuestra relación con la comida porque probablemente el problema no esté en la mesa.