Que nadie se lleve a engaño que esto de contraerse no solo nos pasa a los que hacemos deporte. Todo el mundo tiene una contractura. Mayores o jóvenes, activos o sedentarios. Ponte en manos de un buen profesional y verás cómo te encuentra alguna.
Una contractura, como su nombre indica, es una contracción del músculo sostenida en el tiempo de forma involuntaria. No se trata de una lesión grave pero muchas molestan muchísimo y no nos permite hacer ciertos movimientos.
Hay muchos tipos de contractura dependiendo de la forma que se produzca. Las hay que vienen tras un esfuerzo físico cuando dices, venga una flexión más y oyes el clac. También se producen tras una lesión grave donde la musculatura de alrededor tiende a contraerse para proteger la zona dañada. Y luego están las más comunes que son las que generan el estrés o una mala postura dormido o despierto.

Hay contracturas muy cercanas a la rotura muscular y hay otras lesiones como las tendinitis que en ocasiones y en una fase inicial pueden ser confundidas con una contractura.

Hay muchas cosas que deberíamos hacer para evitar una contractura, pero a veces no somos conscientes de que nos estamos lesionando por lo que solo nos queda el remedio de curar.
Tratamientos hay tantos como tipos de contracturas. Con electroterapia, con mesoterapia, con corrientes, con láser… pero normalmente pasan por calor seco, frio directo en la zona, antinflamatorios y relajantes musculares, y lo que se ha demostrado más efectivo: los masajes con un buen profesional. Masajes que suelen doler bastante porque hay que deshacer esos bultos con presión en la zona para cortar el flujo sanguíneo y crear una vasodilatación- vasoconstricción que deshaga esa contracción exagerada de las fibras que forman ese músculo. El tiempo de tratamiento depende de la contractura, pero cuenta que una o dos semanas.

Normalmente la zona más propensa a la aparición de contracturas es de cintura para arriba y el origen las malas posturas tanto cuando estamos despiertos como dormidos. Ojo con sujetar el teléfono con la oreja y el hombro o estudiar con la cabeza muy agachada o pasarse horas frente al ordenador con los hombros levantados. Es muy fácil contracturarnos sin darnos cuenta, y también lo es descontracturarnos, basta con que cambiemos la postura o que rebajemos el estrés haciéndonos a la idea de que no podemos cambiar lo que no está en nuestra mano.
También es frecuente que a veces no sepamos qué estamos haciendo mal, hay más gente de la que imaginamos con contracturas constantes de cuello que piensan que es un problema de cervicales cuando lo que lo está originando es una descompensación en la mandíbula. Y es que esa articulación tiene un menisco como las rodillas y sufre mucho cuando no trabaja de forma bilateral dando lugar a una contractura que hay que tratar desde fuera y desde dentro de la boca.

Cuando hagas ejercicio hazlo con cabeza. Vigila tus posturas hasta en sueños. Ve despacito al estirar los músculos que a veces es peor el remedio que la enfermedad. Abrígate en invierno porque el frío puede provocar una contracción defensiva. Come sano que la alimentación también puede provocar un cúmulo de toxinas en las fibras musculares. Y sobre todo: Tómate la vida con calma y evita ese estrés y esa ansiedad que llevan al músculo a un estado de contracción permanente.